Se permite pensar

Hagamos preguntas, la ignorancia es cara

El mérito de la duda parte 2: “Ganando curiosidad, perdiendo algunas convicciones ”.

En Argentina, donde nací y crecí, a la escuela secundaria la dividían en Comercial, para aquellos que buscaban un enfoque en esos temas, y Nacional, para los que tenían deseos de explorar otras artes. Yo estudié Comercial. Mientras mi clase intentaba entender los principios de la contabilidad y comercio, la otra abría los libros que empezaban a explicar a las ciencias humanas.

Completé mis cinco años de secundaria, con pocas ideas sobre lo que me gustaría hacer cuando me tocara ir a trabajar. Es obvio que este es un dilema que solo experimentan los mas afortunados, ya que muchos  jóvenes no tienen posibilidad de ponerse a pensar lo que les gustaría hacer, la necesidad económica los obliga a trabajar en lo primero que haya disponible para ayudar a la familia. Yo estudie en una escuela católica que apenas pasaba la clase media, ahí reforcé mis creencias religiosas y mi identidad social, al igual que casi todos e igual a las de casi todos.  Pero aún cuando algunos ya trabajaban, tal vez en un negocio de su familia, o con algún trabajo temporario, yo y la mayoría de mis compañeros teníamos el lujo de pensar en distintas opciones de trabajo, que para muchos empezaría después de la carrera universitaria.

Recuerdo que a los 17 años no tenía claro que tipo de carrera elegir, y mucho menos que trabajo me gustaría hacer después de graduarme. Elegí Derecho porque era una de las carreras importantes, pero creo que también porque el edificio de la universidad pública en sí era muy impresionante, con su fachada al estilo del Partenón griego, sobre una ancha avenida en una zona linda de Buenos Aires.

 Para ingresar había que rendir examen de Historia y de Filosofía. Con Historia me había ido bien en la secundaria y no tuve ningún problema, pero nunca había estudiado nada de Filosofía. Recuerdo que con un amigo íbamos a un tutor. Tenía pinta de pensador, anteojos, barba, tal vez era un sociólogo, un izquierdista, al menos en su aspecto. Francamente no le entendía mucho, ni me interesaba el tema. El resultado no fue bueno, no recuerdo en detalle cual fue la pregunta en el examen de ingreso, pero tenía ٕque disertar sobre alguna doctrina de Platón. Pensé que lo había hecho bien pero el profesor que lo leyó pensó lo contrario.

Y así, velozmente, me tocó  volver a las ciencias comerciales, para no perder el año, ingresé a estudiar Administración de Empresas y me olvidé de Derecho y de Platón. Resultó mejor, ya que apenas un año después emigré con mi familia a EEUU y pude continuar relativamente fácil la misma carrera. Aprendí que las finanzas y los negocios tienen en los números, un componente global común que no existe en la misma medida en las ciencias humanas, que dependen más de la idiosincrasia local.

Por muchos años ignoré todo lo relacionado con la Filosofía, tal vez motivado por mi mala experiencia en la materia, pero más por la necesidad de avanzar en lo mío, en los negocios, en la empresa, en lo concreto. La vida es más simple y directa cuando nos atamos firmemente a convicciones. Aclara la mente y limpia el camino. Es mucho más fácil dirigir la energía y generar resultados. Recuerdo que incluso les tomé desprecio a los “filósofos”, todo ese grupo de pensadores  e idealistas que, a mi juicio, perdían sus horas debatiendo estupideces en vez de ponerse a trabajar todo el día en algo real, urgente y productivo.

Pero pasaron muchos años, y, como muchos otros, tengo muchas más canas y tres hijos con distintas personalidades, a quienes adoro y trato de guiar. También aprendí que hay muchas preguntas que los números no pueden contestar y inquietudes que el dinero no logra suplir. Presencié brutalidades humanas a todo nivel, muchas nacidas de intenciones nobles, desde estupideces individuales, que todos cometemos, a irracionalidad colectiva, que es tan cautivante como peligrosa. Solo hay que leer las noticias de la semana o abrir cualquier libro de historia. Por eso ahora observo al mundo con mas curiosidad y menos certeza, y me doy cuenta que frecuentemente  hay varias escalas de grises entre blanco y negro. La vida es un poco más complicada pero mucho más interesante. Continuará.

Rezando en Pakistan

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enero 2010 - Posted by | America Latina, EEUU, El mérito de la duda

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